TERAPIA CLARK EN LOS TRASTORNOS MENTALES (PARTE 1)

21 May TERAPIA CLARK EN LOS TRASTORNOS MENTALES (PARTE 1)


 

imagen-jefeEstimado Lector:

La semana pasada abordamos el tema del Alzheimer y explicamos su relación con parásitos y tóxicos.

En el presente artículo explicaré más a fondo la también relación entre otras patologías mentales.

 

Espero que le guste

Un Cordial saludo,

 

Ignacio Chamorro

Director de Instituto Clark España

Miembro de la Dr. Clark Research Association

 


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TERAPIA CLARK EN LOS TRASTORNOS MENTALES (PARTE 1)

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La doctora Clark ha sido mundialmente reconocida principalmente por sus trabajos e investigaciones en el terreno del cáncer; ella relaciona absolutamente todos los tipos de cáncer, con la presencia de patógenos (parásitos, bacterias, virus y hongos) junto a tóxicos en el organismo (inmunosupresores y favorecedores del terreno para los patógenos).

Pero esta fórmula de: CÁNCER = parásitos + tóxicos, para la doctora Clark, es aplicable prácticamente a todas las enfermedades, incluso también a las patologías cerebrales o mentales (entre las que vamos a incluir las migrañas).

En el presente artículo vamos a tratar diferentes trastornos mentales, que aunque tienen diferentes sintomatologías, los culpables son siempre los mismos: PARÁSITOS  + TÓXICOS

“Solamente hay 2 problemas de salud:

No importa lo larga que sea la lista de síntomas que una persona tenga, desde la fatiga crónica o la infertilidad, hasta los problemas mentales, estoy segura de encontrar solamente 2 cosas mal: tienen en su cuerpo tóxicos y/o parásitos.

Nunca he encontrado que la falta de ejercicio, las deficiencias vitamínicas, los problemas hormonales, o cualquier otra cosa, sea la causa o factor primario de la enfermedad.

Dra. Hulda Clark”

Hasta en la mayoría de las enfermedades catalogadas como genéticas, nos encontramos que tienen una misma etiología: los parásitos y los tóxicos. Sí, es posible que usted padezca una diabetes, una retinitis pigmentosa, una distrofia muscular, o una esquizofrenia, y a  su vez es o ha sido padecida por su tía, padre, hermano… y sí, es cierto que una fuerte línea de herencia puede existir, pero no debido a que se compartan los genes, sino debido a que se comparte un techo, una mesa, un supermercado, un dentista…

Debemos saber que la mayoría de estos problemas pueden ser “desheredados” y que los genes nos traen el color del cabello y su textura, no la pérdida del mismo; nos traen el color de los ojos, no la enfermedad de los ojos, y en cierto modo nuestra capacidad mental, no la enfermedad mental.

Antes de tratar en profundidad la esquizofrenia, el alzheimer y las migrañas, vamos a hacer una breve introducción sobre estas dos causas inmediatas de todas las patologías: parásitos y tóxicos.
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PARÁSITOS

En cualquier enfermedad, siempre debemos fijarnos (primeramente) en los parásitos, aunque estos parásitos no se relacionen habitualmente por la medicina oficial con estos cuadros.

Para la doctora Clark, lo primero que falla en la medicina clásica es el diagnóstico, es decir, el no poder saber la causa real que nos provoca una determinada dolencia, y es entendible principalmente porque las técnicas de diagnóstico, es decir, el no poder saber la causa real que nos provoca una determinada dolencia, y es entendible principalmente porque las técnicas de diagnóstico aplicadas normalmente, no nos permiten ver las parasitosis existentes en determinados órganos, como el cerebro, hígado, páncreas, pulmones, suprarrenales…

Es muy común ver sonreír a los neurólogos cuando se les comenta que la posible causa de una crisis epiléptica, sea la presencia de larvas de áscaris, en el cerebro, o se les indica la presencia de otro tipo de parásitos en cuadros degenerativos cerebrales. Pero lo cierto es que sonríen porque no creen lo que no pueden ver.

¿Cómo es posible que la medicina no logre detectar una parasitosis?, por varios motivos:

En primer lugar, porque un parásito es difícil de diagnosticar, ya que todos los estadíos de parásitos son demasiado blandos y pequeños como para aparecer en un escáner; además los parásitos suelen recubrirse de mucopolisacáridos, que son componentes de nuestro propio tejido conectivo, con lo cual el sistema inmunológico no los detecta.

Y por último, en una biopsia, el tejido se corta en láminas muy finas, por lo que una lámina de un parásito no sería reconocible; únicamente un biólogo especializado podría localizarlos, pero sabiendo dónde buscarlos.

Nuestro organismo es incapaz de expulsarlos en la mayor parte de los casos, vivos o muertos, los parásitos están pegados a nuestros tejidos, no en la sangre.

La doctora Clark descubrió la forma de encontrarlos detectando la onda frecuencial que emiten, ya que cada parásito, virus, bacteria,… emite una onda frecuencial diferente (ancho de banda):

  • Áscaris: de 403,85 a 409,7 khz
  • Clonorchis sinensis: de 425,7 a 428,75 khz
  • Streptococcus pneumoniae: de 366,85 a 370,2 khz
  • Pseudomonas aerugionosa: de 331,25 a 334,6 khz
  • Herpes simple 1: de 291,25 a 293,05 khz
  • Epstein barr virus: de 372,5 a 382,85 khz
  • Gardnerella vaginalis: de 338,0 a 342,55 khz

Etc… (Un amplio listado de las ondas frecuenciales emitidas por parásitos, bacterias, virus y hongos se encuentran en las obras publicadas de la Dra. Clark).

Los parásitos usualmente tienen sus lugares favoritos para vivir, por ejemplo, el órgano preferido para la dirofilaria (parásito cardíaco del perro), es el corazón (también el corazón humano), y el de un áscaris es el sistema digestivo. Pero muy a menudo esta regla se rompe y encontramos que cualquier parásito puede encontrarse en cualquier órgano también, si éste está contaminado con solventes, metales y otras toxinas. En el caso del cerebro, esto es bastante más fácil, puesto que la actividad inmunológica es menor que en otros órganos.

La Dra. Clark también descubrió que en nuestra saliva se encuentran todas las ondas frecuenciales de estos patógenos y tóxicos presentes en el organismo, y con un aparato creado por ella, denominado sincrómetro, podemos detectar la presencia de éstos en cualquier parte del cuerpo con una simple muestra de saliva.

Las infecciones parasitarias son relativamente fáciles de contraer, ya que el contagio puede ser por vía bucal, respiratoria, transcutánea, (estrongyloides y ancyclostomas), o a través de la placenta al feto.

Debemos ser conscientes de que todos tenemos parásitos desde niños, éstos pueden ser causantes de patologías graves, o leves, y en muchos casos se encuentran en nuestro organismo en forma llamémosle “latente”, sin que nos causen ninguna sintomatología (por el momento).

En la antigüedad se daba más importancia a los parásitos, y por tanto a su eliminación y prevención. Por ejemplo, algunos pueblos como la nación hebrea, prohibieron en su dieta el cerdo porque se dieron cuenta de que los pastores de ganado porcino sufrían a menudo epilepsia, problemas de piel…

Y fijémonos que animales como los perros y los gatos se purgan habitualmente para expulsar los parásitos y sin embargo el hombre (inteligente) no hace nada.

En relación a los parásitos, tendríamos que preguntarnos por qué a las autoridades sanitarias no les preocupa en exceso el problema de las infecciones parasitarias, ¿intereses comerciales? ¿Difícil diagnóstico?… y aunque a nivel sanitario no se considere a los parásitos como el origen de muchas patologías, lo cierto es que los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud, con respecto a la población afectada, son alarmantes:

  • Áscaris; 1,200 millones de personas
  • Oxiuros: 1.200 “                   “
  • Ancyclostoma duodenale: 500 millones
  • Entamoeba Histolytica: 500 millones
  • Trichuris trichiura: 500 millones
  • Pneumocystis carinii: 400 millones
  • Schistosoma haematobium: 100 millones
  • Strongyloides: 100 millones
  • Tenia: 80 millones
  • Trichomonas vaginalis: 80 millones
  • Leishmania: 40 millones
  • Trichinella spiralis: 40 millones
  • Toxoplasma: 50% de la población mundial

Otros datos que no interesa saber,  es que la enfermedad causada por cada parásito, depende del órgano que haya colonizado (no siendo esto compartido por la clínica oficial), y que cada parásito no es sólo peligroso por sí mismo, sino también porque en su interior lleva bacterias, virus y hongos. Éste es por qué independientemente de la patología o de la causa visible de una infección, siempre deberemos tratar de eliminar primeramente al parásito portador, para evitar reinfecciones y debemos saber que en muchos casos, determinados tipos de agentes infecciosos (bacterias, virus,…) cuando son atacados, se refugian dentro de un parásito, hasta que cese la ingesta de medicación (antibióticos,…).

Algunos ejemplos de parásitos portadores de otros patógenos son:

  • Áscaris: suelen portar salmonellas, adenovirus, herpes 1 y 2, fiebre aftosa), mycobacterium aureum…
  • Fasciolopsis buskii: Bacillus cereus, virus de gripe, MYC (oncovirus)…
  • Strongyloides: citomegalovirus, Epstein bar, SRC (oncovirus)…
  • Echinoporphirium recurvatum: Epstein bar, papiloma…

En los tratados clásicos de parasitología, vemos siempre cómo se asocia un determinado parásito a uno o varios órganos (descartando su posible presencia en otros órganos), y a uno o varios cuadros clínicos, que son siempre los mismos para cada parásito.

En todos los estudios realizados por la doctora Clark a lo largo de su vida, se comprobó cómo un mismo parásito podía traernos diferentes patologías, dependiendo del órgano afectado:

  • Áscaris: psoriasis, asma, epilepsia,…
  • Strongyloides: migrañas, inicio de tumores, problemas hormonales
  • Filaria: problemas cardíacos, linfomas Hodkin,…
  • Eurytrema pancreático: diabetes, cáncer,…
  • Onchocerca: Venas varicosas, linfona no Hodkin, nódulos duros bajo la piel…
  • Gastrothylax: síndrome de Down, riñones poliquísticos, fibrosis quística…

Cuanto peor es la salud, mayor presencia de parásitos

Cuantos más parásitos, peor salud

Comida nutritiva + agua limpia, impiden desarrollo de parásitos

Con esta última afirmación de la Dra. Clark, entramos directamente en la segunda parte del origen de las enfermedades:
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LOS TÓXICOS

Fíjense en que para los animales, la disponibilidad de comida y agua limpias, decide la parasitación y la duración de ésta. La calidad del agua local incide en la calidad de alimentos y productos. Para los humanos, también el agua y los alimentos son los que determinan nuestra salud y los que deciden si estamos fuertemente parasitados o no.

Podemos pensar que nuestra alimentación es equilibrada, en cuanto a la ingesta de los diferentes principios inmediatos, vitaminas, minerales, fibras, etc., y por lo general, tenemos el defecto de pensar en qué nos puede faltar en nuestra alimentación, mientras que otro pensamiento igualmente importante lo omitimos, éste es: ¿qué les sobra a nuestros alimentos?, éstos son los tóxicos.

Sin ahondar en este tema, diremos que en prácticamente todas las aguas denominadas “potables” que testamos, detectamos la  presencia de tóxicos inmunosupresores: polonio, colorantes azoicos, metales pesados, amianto, benceno, cianidas de hierro. Fíjense que en los cloros normalmente utilizados, la Dra. Clark encontró: radiación alfa, antimonio, arsénico, amianto, bario, benceno, boro , cadmio, cerio, colorantes azoicos, cromo III y IV, cobalto, cobre, dodecane, disprosio, europio, molibdeno, cianidas del hierro, azul de metileno, níquel, paladio, pcb,s, polonio, prometio, rutenio, silicona, gadolinio, holmio, indio, lantano L, estroncio, tantalio, tungsteno, uranio  R,…Sorprendente, ¡Verdad!

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