Enfermedades Causadas Por Patógenos (1ª Parte) - Terapia Clark España
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Enfermedades Causadas Por Patógenos (1ª Parte)

21 Ene Enfermedades Causadas Por Patógenos (1ª Parte)


 

 

 

Apreciado Lector:

imagen-jefeHoy comenzamos con una serie de artículos que creo le van a parecer interesantes ya que voy a hablar de lo que es la base de la terapia desarrollada por mi añorada Dra. Clark.

Esta base está siempre (o casi siempre) relacionando el comienzo de cualquier tipo de patología (hasta las psiquiátricas) con parásitos, bacterias, virus y hongos.

Lo cierto es que antes de conocer a la Dra. Clark en su clínica de Tijuana (México), no podía entrar en mi “rígida cabeza” esta relación patógeno-enfermedad hasta que la propia Doctora me enseñó a detectar la presencia de estos patógenos en cualquier tipo de patología. Cuando vi, creí.

Un afectuoso saludo

 

Ignacio Chamorro

Director de Instituto Clark España

Miembro de la Dr. Clark Research Association

 


 

Enfermedades Causadas Por Patógenos (1ª Parte)

 

¿Qué son los patógenos?

Se denomina patógeno a cualquier ser vivo capaz de producir enfermedades. Los patógenos se dividen en las siguientes categorías:

  • Bacterias
  • Virus
  • Parásitos
  • Protozoos (plasmodios, tripanosomas y amebas)
  • Hongos (mohos y levaduras)

Si bien se restringe la denominación de parásito a gusanos como la tenia, áscaris, oxiuros, etc., en realidad, todos los patógenos son parásitos pues viven a expensas de un hospedador al que perjudican e incluso matan. Las bacterias son procariotas, es decir, seres unicelulares sin núcleo que contenga el material genético, a diferencia de las eucariotas, que presentan un núcleo diferenciado. La mayoría de las bacterias son microscópicas, es decir, invisibles a simple vista.

Los virus no pueden ser considerados una forma de vida pues no se nutren ni tampoco son capaces de moverse para encontrar condiciones favorables a su existencia. Son una suerte de cristales proteicos que albergan en su interior material genético. Cuando entran en el interior del organismo, se fijan fuertemente a la membrana de las células inoculando su material genético en el núcleo de ésta, alterando la función de la misma y provocando que ésta comience a fabricar más virus que se propagaran por el organismo repitiendo dicho proceso. Las células que son víctimas de la agresión viral mueren irremisiblemente.

Aunque todo patógeno establece una relación intrínsecamente parasitaria con su hospedador, tal y como dijimos previamente, el término parásito suele utilizarse para referirse a seres pluricelulares como los piojos, sarna, sanguijuelas, pulgas y gusanos como el áscaris, la tenia, etc. Estos seres se alimentan de los humores del hospedador, casi siempre succionan sangre, aunque algunos se alimentan de bilis (Clonorchis sinensis) o incluso van devorando los tejidos creando túneles al igual que la carcoma (triquinas y cisticercos).

Los protozoos son seres unicelulares casi siempre microscópicos, aunque son eucariotas y no procariotas por lo que su estructura celular se asemeja más a los animales y plantas que a las bacterias. El parásito de la malaria y el tripanosoma (causante de la enfermedad del sueño) son claros ejemplos de protozoos.

Los hongos se dividen a su vez en mohos y levaduras, estos microorganismos solo proliferan en casos de extrema inmunodepresión o cuando se suprime la flora intestinal mediante antibióticos, siendo reemplazada entonces por hongos.

 

¿CUÁL ES LA ETIOLOGÍA DE LAS ENFERMEDADES CAUSADAS POR PATÓGENOS?

La respuesta a dicha pregunta podrá parecer evidente a muchos, “¡vaya tontería! la etiología de las enfermedades causadas por patógenos son los patógenos” dirán algunos. Pues no, en última instancia existen una serie de factores que son los que determinan si los patógenos serán capaces de invadir los tejidos y desencadenar procesos patológicos. Por lo tanto, como establece la medicina biológica, las distintas infecciones causadas por patógenos son en la mayoría de los casos consecuencia de alteraciones orgánicas previas. Y es que como dijo Claude Bernard hace siglo y medio, “El microbio no es nada, el terreno lo es todo”.

Podemos afirmar que con frecuencia, el microbio no es la causa sino la consecuencia de la enfermedad. En el siglo XIX, Louis Pasteur proclamó ante la comunidad científica que existían unos seres microscópicos que eran los responsables de que el vino se estropeara y de la misma manera  podrían provocar enfermedades en el ser humano. Pronto comenzó un acalorado debate que dividió a los científicos. La escuela de Pasteur afirmaba que los microbios se encontraban en la atmósfera y que las enfermedades infecciosas eran consecuencia de un contagio fortuito. A esta teoría se la denominó panspermia atmosférica.

Por otra parte Bastian, Pouchet y Bechamp eran  partidarios de la llamada generación espontánea. Afirmaban que cuando la composición química de la sangre y tejidos se alteraba, dicha pérdida del equilibrio homeostático favorece la proliferación de patógenos, los cuales no podrían medrar si el estado de salud del individuo fuese óptimo. Antoine Bechamp y Günther Enderlein desarrollaron el concepto de pleomorfismo, el pleomorfismo sostiene que la sangre, al contrario de lo que afirma la hematología convencional, no es estéril sino que en ella habitan simbiontes. Estos simbiontes pueden degenerar en bacterias patógenas cuando la sangre se halla repleta de macromoléculas no digeridas que entran en el torrente circulatorio como consecuencia de un exceso de permeabilidad intestinal. Antoine Bechamp hablaba de las microzimas, las cuales vendrían a ser las partículas elementales de la vida. Gaston Naessens habla de las somátides. Ambas denominaciones se refieren a lo mismo.

En el año 1997 unos científicos australianos descubrieron unos microorganismos a los que denominaron nanobios, los cuales son 10 veces menores que las más pequeñas bacterias conocidas. El pleomorfismo afirma que cambios en el pH sanguíneo o el potencial de oxidación-reducción pueden dar lugar a que organismos simbióticos e inofensivos se vuelvan virulentos. El pleomorfismo defiende la generación espontánea de patógenos en el interior del organismo. En el siglo XX, Kikuo Chishima, observó un proceso al que denominó AFD (agregación, fusión y diferenciación) mediante el cual, los glóbulos rojos degenerados o deformes se agregaban fusionándose y generando una bacteria. La conclusión sería que las infecciones vienen a ser una manifestación de decadencia orgánica. Günther Enderlein observó que en la sangre siempre se encontraban los hongos Aspergillus Niger y Mucor Racemosus, los cuales antes determinadas condiciones de acidez o hipoxia, podían crecer desmesuradamente y dar lugar a formas patógenas. Gaston Naessens ha descrito un ciclo de las somátides que consta de 16 fases, cuando este ciclo se altera se producen enfermedades infeccionas y cáncer.

La mayoría de autores pleomorfistas coinciden acerca de que una ingesta excesiva de proteína animal, cuando existe exceso de permeabilidad intestinal, da lugar a un crecimiento exagerado de las formas microbianas, digamos que las “ceba”. Gaston Naessens ha sido capaz de observar todos estos fenómenos gracias a un aparato de su invención, el somatoscopio, el cual permite observar la sangre a más de 30.000 aumentos, cuando un microscopio óptico presenta un máximo de 1.000 aumentos.

Cabe decir que todas estas afirmaciones no cuentan con el reconocimiento de las instituciones oficiales. Recapitulando, muchas infecciones pueden ser consecuencia directa de un estado de acidosis latente, permeabilidad intestinal, ingesta excesiva de proteína e hipoxia. De cualquier modo en muchas ocasiones la proliferación bacteriana no debe ser contemplada como una amenaza para el organismo sino todo lo contrario. Los microorganismos proliferan con el fin de degradar el exceso de tóxicos y células deterioradas del organismo. Un hongo o una bacteria no ataca a un organismo sano, su misión en la naturaleza es descomponer la materia corrompida. Sin embargo, si esta proliferación se hace excesiva, inundan el organismo con antígenos y metabolitos tóxicos capaces de poner en peligro la vida.

Es muy revelador el hecho de que epidemiológicamente la frecuencia de enfermedades crónicas y degenerativas aumenta conforme decrece la incidencia de enfermedades infecciosas agudas. Ello avala la tesis naturista de que las enfermedades infecciosas son una reacción que tiene como fin depurar el organismo, un intento desesperado de degradar los tóxicos que no han podido ser excretados por los emuntorios.

Recordemos que en el año 1927, al médico austríaco Julius Wagner-Jauregg (1857-1940) le fue concedido el premio Nobel por haber descubierto que al inocular malaria a pacientes con parálisis sifilítica estos se curaban y recobraban la capacidad de andar. Asimismo el cirujano estadounidense William Coley (1862-1936) observó que antes de la llegada de la antisepsia, numerosos pacientes que tras la operación contraían la erisipela se curaban. Este hecho le motivó a  probar la eficacia de inocular la erisipela a pacientes cancerosos. Los resultados observados fueron alentadores. Con el tiempo, desarrolló una mezcla de cadáveres de Streptococcus pyogeners y Serratia marcescens que inducían una respuesta inmunitaria y una reacción febril. Hoy día sabemos que las llamadas toxinas de Coley inducen la liberación del factor de necrosis tumoral alfa y aumentan la actividad de los macrófagos. Asimismo, tanto la inoculación de malaria de Wagner-Jauregg como las toxinas de Coley producen fiebre, elevando por tanto la temperatura corporal produciendo efectos similares a la hipertermia. La hipertermia presenta profundos efectos beneficiosos en el organismo.

Otro claro ejemplo de que muchas formas de vida consideradas perjudiciales para la salud, pueden prestar grandes servicios al organismo lo constituye la terapia con larvas. Esta terapia es conocida desde hace milenios. Existen ciertas especies de mosca de la familia de los califóridos (se alimentan de carne putrefacta) cuyas larvas son capaces de desinfectar heridas, tejidos necróticos, purulentos y gangrenados, como en el caso del pie diabético. Una de las especies que se prestan para este uso es la mosca Lucilia sericata, la mosca verde común, la cual se observa frecuentemente sobrevolando heces de perro. En la guerra de secesión estadounidense, numerosos cirujanos observaron que las heridas “infectadas” con larvas de mosca no supuraban y cicatrizaban mucho antes. Actualmente la terapia con larvas se usa con éxito en ciertos hospitales de Estados Unidos y Latinoamérica.

No obstante, no debemos olvidar que si bien existen seres capaces de establecer una relación de estrecha simbiosis con el ser humano, también los hay dispuestos a robarle la salud. Es difícil establecer cuándo se trata de simbiosis y cuándo de parasitación. Por ejemplo, existen “moscas de la muerte” que depositan sus huevos bajo la piel de mamíferos como el caballo o el hombre y millones de seres humanos mueren anualmente víctimas de la malaria y la tuberculosis. Es tarea del médico (o debería ser) conocer el estado del terreno para así juzgar adecuadamente si se trata de parasitación o simbiosis. El médico español Juan Prada Pascual (1891-1975), creador del examen bio-hematológico, contribuyó enormemente a la comprensión de los procesos infecciosos. Demostró que la sangre puede albergar larvas de mosca y que muchas enfermedades degenerativas consideradas “idiopáticas” por la ciencia oficial, se deben a parasitaciones. A este respecto recomiendo la lectura de su libro “La gran plaga oculta”.

Muchas infecciones son consecuencia de una translocación bacteriana desde la mucosa intestinal a otras partes del organismo. Ello se produce debido a un exceso de permeabilidad intestinal. Corrigiendo ésta dichas  infecciones remitirán. Por lo tanto, queda demostrada una vez más la importancia de restaurar la función de barrera del intestino y de realizar el protocolo Clark de limpieza intestinal http://terapiaclark.info/limpieza-intestinal/.

Comentábamos que los microbios ven favorecido su desarrollo conforme el organismo se satura de tóxicos. Qué duda cabe de que un organismo sano no es presa fácil de bacterias, hongos, parásitos, etc. La Doctora Hulda Clark descubrió que los parásitos y bacterias colonizan preferentemente tejidos con una gran carga tóxica de substancias como colorantes azoicos, benceno, disolventes, plástico, micotoxinas, metales pesados y alérgenos fenólicos. Asimismo, los parásitos presentan unos requerimientos particulares. A continuación los exponemos en las siguientes tablas, extraídas de la magnífica obra de la Doctora Clark titulada “La cura y prevención de todos los cánceres”.

 

Tabal Web

Aunque los nombres de estos parásitos no nos resulten familiares, estos se hallan implicados en la génesis de numerosas enfermedades:

  • Todas las personas con cáncer son portadoras de todos los parásitos mencionados en la tabla (aunque la oncología oficial sorprendentemente no los detecte).
  • Eurytrema pancreaticum se halla implicado virtualmente en todos los casos de diabetes tipo I.

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En estos correos no recibirá consejos médicos, pero sí pautas basadas en la naturopatía, la nutrición ortomolecular y las investigaciones de la Dra. Clark. Los consejos dados no implican necesariamente que la medicina oficial esté de acuerdo con ellos.

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DURACIÓN SOLO 1 DÍA (SÁBADO). DE 9 A 14H
Y DE 15:30 A 20:30 (10 HORAS)

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FEBRERO: VIGO: 4 DE FEBRERO

GRANADA: 4 DE FEBRERO

MADRID: 18 DE FEBRERO

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MARZO: BARCELONA: 4 DE MARZO

LISBOA: 11 DE MARZO

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ABRIL: MADRID: 22 DE ABRIL

GRANADA: 22 DE ABRIL

VIGO: 29 DE ABRIL

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MAYO: BARCELONA: 6 DE MAYO

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA: 13 DE MAYO

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JUNIO: LAS PALMAS DE GRAN CANARIA: 3 DE JUNIO

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SE ENTREGARÁ DIPLOMATURA EN TERAPIA CLARK POR LA
DR. CLARK RESEARCH ASSOCIATION

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Precio del curso: 180 euros.

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Más información y reservas: en los distribuidores Clark

 

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