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CARENCIAS NUTRICIONALES

04 Jun CARENCIAS NUTRICIONALES


 

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Estimado Lector:

Quizás, las carencias nutricionales sean a día de hoy el factor más difícil de diagnosticar en el ámbito de la salud.

En el presente artículo voy a hablar de este tema.

 

Espero que le guste

Un Cordial saludo,

 

Ignacio Chamorro

Director de Instituto Clark España

Miembro de la Dr. Clark Research Association

 


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CARENCIAS NUTRICIONALES
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Quizás, las carencias nutricionales sean a día de hoy el factor más difícil de diagnosticar en el ámbito de la salud. Ello se debe a que existen múltiples nutrientes, para los cuáles no se han desarrollado pruebas verdaderamente fiables. Asimismo la realización de una prueba específica para cada nutriente alcanzaría unos costes astronómicos. Por tanto, en estos casos el ojo clínico del terapeuta es de suma importancia.

¿QUÉ SON LAS CARENCIAS?

Hablamos de carencia cuando una determinada substancia no se encuentra en concentraciones suficientes en el organismo. Esto puede deberse a una insuficiente absorción, un aporte dietético inadecuado o aumento de las demandas debido a etapas de crecimiento, actividad deportiva de alta intensidad, aumento de nutrientes antagonistas, stress, infecciones, etcétera.

Muchas veces las carencias son relativas, es decir la proporción entre nutrientes antagonistas se halla muy desequilibrada. Por ejemplo, en el caso del triptófano, comparte el mismo transportador con los aminoácidos de cadena ramificada, la fenilalanina y la tirosina.

Cuando los niveles de estos últimos aminoácidos en sangre son muy elevados con respecto a los de triptófano, los transportadores se saturan (como cuando todos los asientos del autobús están ocupados) y gran parte del triptófano plasmático no podrá entrar en el cerebro para formar serotonina y melatonina.

Lo mismo sucede en el caso de los minerales, por ejemplo, el plomo compite con el calcio, por tanto, cuando los niveles de plomo son muy elevados, éste reemplaza al calcio en los tejidos,  pero sin ser capaz de desempeñar las mismas funciones del calcio.

Lo mismo ocurre en el caso de otros minerales. Por lo tanto, vemos que muchas carencias no son tales sino que se trata más bien de competencia entre nutrientes. La glucosa compite con la vitamina C, pues ambas comparten el mismo transportador, el GLUT1.

En casos de diabetes o de alta ingesta de carbohidratos, aún consumiendo dosis “elevadas” de vitamina C, los niveles intracelulares de la misma serán insuficientes.

Por otro lado, los carbohidratos aumentan los requerimientos de vitamina B1, la vitamina A aumenta los requerimientos de vitamina D, las proteínas los de B6 y podíamos seguir enumerando hasta el infinito.

Lo que está claro es que la dieta actual no es capaz de suplir la demanda de nutrientes del organismo. Ello se debe no solo al procesamiento de los alimentos o que estos procedan de cultivos químicos, aún los alimentos naturales no tienen porqué garantizar un estado nutricional óptimo a quien los ingiera. Ello se debe a que las diferentes especies animales y vegetales que nos sirven de sustento concentran nutrientes en sus tejidos en función de sus necesidades fisiológicas y no atendiendo a los requerimientos nutricionales del individuo que trate de engullirlos.

Existen pruebas para determinar carencias nutricionales pero su costo es excesivo y los laboratorios que las realizan a menudo son extranjeros, por lo que enviar las muestras es una tarea difícil y engorrosa.

A continuación daremos unas pautas que nos ayudarán a combatir de forma fácil las carencias nutricionales.

  • Disminuir al máximo el consumo de almidón (incluidos los cereales integrales) y azúcares (incluidos frutas y sus zumos). De esta manera reducimos las necesidades de vitamina B1.
  • Las epidemias de beriberi del siglo pasado no se produjeron solo por la carencia de dicha vitamina en el arroz refinado sino también al exceso de carbohidratos que aporta este alimento.
  • Las dietas altas en grasa y pobres en carbohidratos aún siendo carentes de tiamina, tardan mucho más tiempo en provocar un cuadro carencial.
  • Evitar por completo los aceites poliinsaturados como el de girasol, soja, sésamo, cártamo… ¡Aunque sean vírgenes y de primera presión en frío!. Aunque han sido publicitados como una fuente óptima de vitamina E, la mínima cantidad que puedan aportar no compensa el aumento de la peroxidación lipídica a que dan lugar. Por lo tanto, no se puede considerar a dichos aceites como una fuente de este importante antioxidante, sino todo lo contrario. Esto también es válido para el tan afamado aceite de germen de trigo.
  • No consumir más de un gramo por kilo de peso corporal de proteína al día. El exceso de proteína acidifica, produciendo pérdida de calcio y aumenta la homocisteína, elevando los requerimientos de ácido fólico, piridoxina y B12.

Las personas obesas no deben consumir un gramo de proteína por kilo de peso puesto que dicha ingesta resultaría excesiva. En tales casos nos limitaremos a administrar un gramo de proteína por centímetro de estatura que sobrepase el metro. Por ejemplo una persona de 1,70 m. deberá consumir 70 gramos de proteína diarios, aún cuando pese 200 kilos.

  • Una dieta de predominio alcalino reduce los requerimientos de proteína y calcio. Cuando la dieta no aporta suficientes álcalis, el organismo recurre al amoníaco como tampón amortiguador de la acidez. Cuando aportamos suficiente potasio, magnesio y calcio, el amoníaco en lugar de ser utilizado como tampón es dirigido a la síntesis de aminoácidos.

En casos de fuerte acidosis, como la que se produce en el ayuno prolongado, el organismo degrada proteína con el único fin de abastecer de suficiente amoníaco a la sangre y de seta manera neutralizar la acidez resultante de la elevación de los cuerpos cetónicos y la pérdida de potasio y calcio.

Se ha comprobado que administrando bicarbonato a sujetos sometidos a ayuno prolongado, se reducen las pérdidas de nitrógeno urinario.

  • Nunca estará de más tomar un complejo B de 100 mg, 1.500 UI de vitamina D, 4.000 UI de vitamina A, y 400 UI de vitamina E, así como 200 mcg de selenio, puesto que es muy difícil aportar los niveles adecuados de dichos nutrientes solo con la alimentación.
  • También es muy interesante suplementar con algo de magnesio, bien en forma de cloruro, citrato u óxido. El magnesio es otro mineral del que la mayor parte de la población presenta carencias.
  • Vemos por tanto, que para solucionar las carencias es tan importante un aporte adecuado de nutrientes, como reducir la pérdida de los mismos. Como medida de seguridad es recomendable suplementar con los nutrientes citados en los párrafos anteriores.
  • Muchas carencias no son primarias, sino secundarias, a la hora de subsanar una carencia, debemos tener en cuenta si la persona absorbe y fija los nutrientes adecuadamente.

Un intestino inflamado y un hígado sobrecargado serán incapaces de transformar las vitaminas en sus respectivos cofactores. Es por eso que cuando el hígado se halla en condiciones de sobrecarga (lo cual suele ser habitual), dosis relativamente inocuas de retinol o piridoxina pueden producir síntomas de toxicidad.

En el primer caso, el hígado presenta una incapacidad patológica para acumular la vitamina. En el segundo es incapaz de convertir la vitamina en su respectivo cofactor, por lo que los niveles plasmáticos de la misma se elevan hasta alcanzar niveles perjudiciales.

Si la función hepática no estuviese comprometida de antemano nada habría sucedido. Es por ello que debemos tener en mente aquella máxima higienista que reza así “primero limpiar, luego nutrir”.

Por tanto, siempre recomendamos realizar el Protocolo Clark de Limpieza Intestinal (http://terapiaclark.info/limpieza-intestinal/), seguido de varias (4 o 5) Limpiezas Hepáticas (http://terapiaclark.info/limpieza-de-higado/).

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En estos correos no recibirá consejos médicos, pero sí pautas basadas en la naturopatía, la nutrición ortomolecular y las investigaciones de la Dra. Clark. Los consejos dados no implican necesariamente que la medicina oficial esté de acuerdo con ellos.

 

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